La última casa, el claustrofóbico thriller que arrasa en Netflix, explicado - NETFLIX
MADRID, 12 Ago. (CulturaOcio) -
La última casa, el thriller protagonizado por Wagner Moura y Greta Lee, ha alcanzado el primer puesto en el ránking de las películas más vistas de Netflix a nivel mundial. En el filme, los miembros de la familia Delgado se quedan atrapados en su propia casa y, mientras tratan de dilucidar qué o quiénes están detrás de este confinamiento, deberán hacer uso de su ingenio para sobrevivir.
((Atención: Esta noticia contiene spoilers))
Tras mostrar cómo los protagonistas se adaptan a su nueva realidad durante los primeros meses, la trama da un salto de cinco años en el tiempo. Para entonces, la familia cultiva su propia comida y ha logrado ser autosuficiente. Sin embargo, su situación da un vuelvo cuando un hurón muerde a la pequeña Ruth. Al intentar salir para buscar antibióticos, la familia atrae la atención de sus captores.
Una de las criaturas les ataca dentro de su propia casa, persiguiéndoles mientras esta se inunda. Tras un frenético enfrentamiento, Jason está a punto de acabar con el monstruo pero, en el momento de la verdad, es incapaz de clavarle el cuchillo. Y es precisamente este acto de compasión lo que les permitirá ser, al fin, libres.
El monstruo libera a la familia, avisando a las demás criaturas para garantizar su seguridad. Al salir de su casa, los protagonistas descubren que gran parte de Seattle ha quedado sumergida bajo el agua y deciden agenciarse el barco de su vecino para poner rumbo hacia otro lugar.
La película concluye aportando un rayo de esperanza para los Delgado cuando, en mitad del océano, tratan de comunicarse con algún superviviente vía radio. Justo antes de que la pantalla se funda a negro, un "¿hola?" entrecortado confirma que no están solos.
¿POR QUÉ LAS CRIATURAS DEJAN ESCAPAR A LA FAMILIA DELGADO?
Aunque la película no especifica explícitamente el origen de los monstruos, queda claro que provienen del océano. Ya desde su arranque, el filme arranca con una cita de Arthur C. Clarke que cobra especial sentido al final: "Qué inapropiado es llamar a este planeta Tierra cuando es claramente un océano".
Todo apunta a que el propósito de estos monstruos es proteger el planeta ante la crisis del cambio climático provocada por los humanos. No tratan, por tanto, de conquistar la Tierra, sino de salvarla.
Además, el paisaje resultante tras el confinamiento de los humanos, con los animales y la naturaleza proliferando en el exterior, sugiere que su objetivo al atraparlos en sus casas era que la fauna y la flora se recuperaran y fortalecieran. Y aislar a aquellos que, en primera instancia, han sido los responsables de su progresiva destrucción parecía la medida más lógica.
Los últimos compases de la película confirman que, tal y como sospechaba Ruth, las criaturas no tienen fines malvados. Es por ello que la compasión de Jason, incapaz de matar a otro ser vivo, les hace ganarse su respeto y es la razón por la que les dejan escapar.
En una entrevista con la revista Time, el guionista de la película, William Robinson, explica que, en el fondo, los humanos y estas criaturas tienen más en común de lo que cabría esperar. "Son dos especies asustadas que piensan que la otra quiere destruirlas y, en un momento de empatía, se dan cuenta de que no son tan diferentes", señala.
"No pueden entenderse entre sí, pero han visto lo mucho que cada una ha luchado por sobrevivir. Van a devolverles la vida, con la esperanza de que ellos hagan lo mismo por ellas. Quizá sí nos merezcamos una vida en este planeta. Pero la familia no lo sabe; quizá, en cuanto aparezcan los créditos, acaben con ellas en el barco", plantea.
De esta manera, La última casa concluye con un final abierto en términos narrativos, pero planteando cuestiones muy claras en torno a los efectos irreversibles del cambio climático. Así, la película remarca la importancia de que los humanos aprendan a convivir con otros seres vivos en un mundo que se precipita en picado hacia un punto de no retorno.