Publicado 11/04/2020 18:02:49 +02:00CET

Los agujeros de guión de El Hoyo (The Platform), éxito inesperado de Netflix

Imagen de la película El hoyo
Imagen de la película El hoyo - NETFLIX

   MADRID, 11 Abr. (CulturaOcio) -

   'El hoyo' sigue incombustible en Netflix. La ópera prima de Galder Gaztelu-Urrutia se mantiene entre lo más visto de la plataforma, lo que demuestra que el público continúa conectando con este interesante thriller de terror. Pese a ser una propuesta que ha aunado a crítica y público, eso no ha impedido que la cinta tenga algunos agujeros de guion.

((ATENCIÓN: ESTA NOTICIA CONTIENE SPOILERS))

   Pese a ser la gran triunfadora del pasado Festival de Sitges y contar con un Goya, nadie es perfecto y 'El hoyo (The Platform)' tiene un par de incongruencias en su trama. La cinta es una propuesta distópica en la que se retrata una especie de torre piramidal en la que un grupo de personas han entrado tanto voluntaria como involuntariamente y son separados de dos en dos en diferentes niveles.

   Con un gran banquete que se coloca en una plataforma que atraviesa el centro de cada planta, depende de las personales de los diferentes niveles que la comida se racione o no, provocando que los cautivos de los pisos más bajos tengan apenas sustento.

La primera contradicción viene cuando Goreng (Iván Massagué) consigue reclutar a Baharat (Emilio Buale) para llevar comida a los niveles más bajos y, finalmente, conservar intacta una pana cotta para demostrar a las élites que pueden responder al sistema y así promover una revolución.

LA ORGANIZACIÓN VE LO QUE QUIERE

   Ahí está la primera incongruencia. Una de las reglas del Hoyo es que los reclusos no pueden quedarse con comida, en caso hagan algo así, la habitación subirá de temperatura o, por el contrario, descenderá. Para saber eso, cada nivel tiene que tener cámaras de seguridad, prueba de ello es cómo el perro de Imoguiri (Antonia San Juan) se queda con un trozo pequeño de carne y la organización se da cuenta.

   Entonces, si la organización sabe cuando los prisioneros se quedan con comida, por lógica también deberían saber que Goreng y Baharat están organizando una revuelta y nada les hubiera costado que en aquellos niveles donde estén quedándose de más, subir o bajar la temperatura.

      Otra contradicción está relacionada con la hija de Miharu (Alexandra Masangkay). Imoguiri desmiente que la joven esté buscando a su pequeña, al contar que se trata de una actriz que ha perdido la cabeza y que las élites no permiten que menores de edad entren en el Hoyo.

   Aunque lo que dijese Imoguiri fuera falso, es complicado que la organización no sepa que en el nivel más bajo hay escondida una niña de 8 o 9 años. Es más, en caso incluso la élite supiese de su existencia, ¿por qué la menor no ha sido llevada a diferentes niveles de forma mensual como el resto de los reclusos?

   Cierto es que la niña puede ser fruto de la mente enajenada, o inlcuso ya de un delirio moribundo, de Goreng pero, aun así, ese no es el planteamiento de final abierto que deja el director, por lo que, sí o sí, se crea una incongruencia.

   Dos elementos discordantes, sí, pero que no impiden disfrutar de esta más que interesante película, que continúa triunfando en Netflix y demuestra que el talento español sigue siendo un imán para el público internacional.

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