Justin Bieber: el icono pop en el ojo del huracán

Actualizado 28/04/2013 17:38:35 CET
JIM DYSON

Por David Gallardo

Un simple vistazo a la más reciente hemeroteca del planeta pop es suficiente para constatar que algo pasa con el otrora chico maravilla. Como si alguna intangible y maligna fuerza estuviera tratando de desastibilizarle durante su actual gira europea, con la que visitó España hace unas semanas.

La penúltima noticia extra musical con Bieber como protagonista tiene que ver con una pequeña cantidad de droga encontrada por la policía sueca en el autobús de gira del artista canadiense. Los agentes también hallaron un táser, una arma paralizante, al entrar en el vehículo en Estocolmo.

Según las autoridades suecas, el suceso no irá a mayores debido a que tampoco pueden vincular las sustancias encontradas con alguien en particular, de manera que todos los titulares que han salido de las redacciones de todo el mundo al final quedarán en una anécdota más. La enésima.

Como es costumbre debido a su enorme peso en las redes sociales, Justin se ha manifestado a través de Twitter para dar por zanjado el asunto y calmar a sus desasosegadas 'beliebers', que es como se conoce internacionalmente a sus fanáticas: "Algunos de los rumores que corren sobre mi... ¿De dónde saca la gente estas cosas? Da igual.... de vuelta a la música".

Apenas un puñado de días antes del problemilla con la ley sueca, Bieber estuvo de nuevo en ese centro del huracán del que nunca sale realmente, después de visitar el museo de Ana Frank en Amsterdam. ¿Cómo algo que hacen miles de personas anónimas al cabo del año puede convertirse en una noticia a toda página en medios de comunicación de todo el mundo? Será el efecto Justin.

Será el efecto Justin, ese por el cual siempre se saca punto a todo lo que hace o dice el muchacho. O a lo que escribe, como en este caso, pues la bomba estalló en esa ocasión después de que dejara para la posteridad unas palabras en el libro de visitantes del museo: "Ojalá Ana Frank hubiera sido una belieber".

A partir de un comentario inocente se montó un lío descomunal que por poco tuvo que contar con la mediación de algún enviado especial de la ONU. Pero de alguna manera fue suficiente con la defensa pública que los responsables del museo hicieron del joven, asegurando que Justin estaba "muy interesado en conocer todo sobre Ana" y que lo positivo era que había llamado la atención acerca de la historia de la muchacha.

La retahíla de curiosidades y anécdotas que es capaz de generar Justin por supuesto no tiene fin en este par de ejemplos, pues también hay que poner el foco en su mono Mally, requisado hace un mes en el aeropuerto de Berlín por no tener toda su documentación en regla. La cuestión es que allí sigue, según el mánager de la estrella, esperando a que le encuentren un lugar adecuado. Mientras tanto, pasa las horas en una jaula para animales abandonados.

Más allá del reguero de titulares más o menos sensacionalistas (¿o deberíamos decir sensacionales, en realidad?), lo que realmente seguro preocupa al entorno de Bieber son las cifras. Porque en su concierto de Madrid del pasado 14 de marzo, por ejemplo, no fue capaz de llenar el aforo del Palacio de los Deportes, quedándose en 8.000 localidades despachadas sobre un total de 15.000. Algo parecidó sucedió un par de días antes en Lisboa, cuando canceló uno de sus dos recitales previstos agarrándose a los siempre socorridos motivos técnicos.

Mientras tanto, lo que queda fuera de toda duda es que aún mantiene intacto su poderío en las redes sociales, con casi 53 millones de seguidores en Facebook y más de 38 millones en Twitter. Lady Gaga es la única capaz de competir con él en este terreno, con 58 millones en Facebook y 36 millones en Twitter. Con la estadounidense lesionada y actualmente fuera de juego, desde luego Bieber gana por goleada en los tabloides de la prensa seria. Imposible vaticinar cuál será el próximo gran escándalo. Seguro que llegará más pronto que tarde.